De dónde nace

Una idea nacida del territorio.

A veces hacen falta las circunstancias adecuadas para ver un problema que siempre ha estado ahí.

Cómo empezó todo

Una consultoría que cambió la perspectiva.

Era 2021, en plena pandemia. Se asignaron fondos para ayudar a pequeños comerciantes y artesanos a adoptar herramientas que mejoraran sus negocios. Como consultor informático, fui llamado a evaluar las soluciones propuestas.

Lo que vi me dejó perplejo. Se proponían e-commerce que obligaban a la tienda de barrio a competir con los precios de Amazon. Se recomendaban páginas sociales, sin explicar que requieren contenido constante, promociones pagadas y competencias que un artesano no tiene — ni debería tener.

Nadie hablaba de los costes reales, del trabajo continuo que estas herramientas requieren, del margen que se reduce hasta desaparecer. Se prometía la luna a quien necesitaba cosas simples y concretas.

Y entonces me pregunté: ¿por qué no poner a las empresas en el centro? ¿Por qué no construir algo que realmente las ayude, sin complicar y sin reducir sus márgenes?

Las soluciones propuestas

Lo que se ofrecía.

El e-commerce

Obligaba a los pequeños a competir en precios con los gigantes, sin considerar los costes de gestión, los envíos y las competencias técnicas necesarias. Para muchas actividades locales, simplemente fuera de alcance.

Las redes sociales

Requieren contenido constante, competencias gráficas, promociones pagadas. Y la visibilidad alcanza solo a quien ya te sigue — no a quien pasa junto a ti sin saber que existes.

Los marketplaces

Comisiones elevadas, orientados a grandes volúmenes. Pensados para quien vende mucho, no para la tienda que tiene pocos productos pero hechos con cuidado.

La vitrina física

Funciona solo para quien pasa delante. Quien no está en la zona — un turista, un nuevo residente, alguien a pocas manzanas — nunca sabrá que existes.

El vuelco

¿Y si fuese el cliente quien te descubre a ti?

Todas las soluciones propuestas tenían algo en común: obligaban a la actividad a perseguir al cliente — competir en precios, crear contenido, pagar promociones. Pero ¿por qué no dar la vuelta a la perspectiva? ¿Por qué no hacer que sea el cliente quien descubra la actividad, de forma natural, en los momentos en los que ya está abierto al descubrimiento?

Estos momentos ya existen. Son breves y espontáneos: una mirada al smartphone, un scroll rápido, un momento libre. Son los fleeting moments — pequeñas ventanas de atención donde un contenido puede convertirse en una oportunidad real.

De esa experiencia y de esta intuición nació Fleety: una herramienta que pone el territorio y a quien trabaja en él en el centro. No un e-commerce, no una red social — algo diferente. De fleeting a Fleety.

De aquí nace Fleety.

Registra tu actividad y apoya un modo diferente de hacer encontrar a clientes y tiendas locales.